MÉXICO, DF (Agencias).- “Desde sus orígenes como espectáculo, el cine abordó casi de inmediato la figura de Cristo a través de diversas ‘pasiones’, hechas no casualmente: Francia, EU e Italia hicieron diversas versiones de la pasión a finales del siglo XIX”, explica Eduardo de la Vega, investigador del Centro de Estudios y Enseñanza Cinematográficas de la UdeG.
Probablemente, la primera vez que se filmó la muerte de Jesús en celuloide fue en 1897, en una cinta que hizo el francés George Hatot para la Casa Lumiere, primera empresa del rubro en Europa.
Al año siguiente, William Freeman siguió la ruta en EU, con la filmación a modo de documental de una escenificación crística en la campiña italiana. En ese mismo año, el director Luigi Topi propondría otra pasión, que se vio en México por primera vez en marzo de 1899, en Mérida.
“En 1898 se filmó una de las ‘pasiones’ que resultan de un surrealismo y humorismo involuntario. Las locaciones fueron en los edificios de Nueva York, con telones de escenografía como fondo. Hay un momento en la película en la que se cae el telón y se alcanzan a ver los edificios de la ciudad. Y así la dejaron”, rememora el investigador.
EN PLENA CRISTIADA
Uno de los filmes con mayor auge fue “Rey de reyes”, del director Cecil B. de Miles. En México, la cinta se estrenó en febrero de 1928, en el Cine Regis de la Ciudad de México y poco después en el interior de la República.
Como el país vivía tiempos de tempestad, con el conflicto entre la Iglesia y el Estado, el reciente crimen de Álvaro Obregón a manos de José de León Toral y la persecución de los católicos en varias partes de la provincia, la mezcla contribuyó como dinamita para el éxito taquillero de esta producción.
“Era una catarsis. El Estado no podía prohibir ese tipo de cine, pero perseguía formalmente el culto en los templos. El culto público también tuvo dificultades y la película fue catalizadora en ese momento coyuntural”, recobra De la Vega.
La primera pasión rodada en suelo azteca fue “Jesús de Nazareth” (1942), con la participación de los españoles José Díaz Morales, como director, y el actor José Cibrián, quien encarnó al primer Cristo mexicano. Poco después siguieron “María Magdalena” y “Reina de reinas”, dirigidas por Miguel Contreras Torres, en 1945, y “El mártir del Calvario”, por Miguel Morayta, en 1952.
Luego vino en 1965 “El proceso de Cristo”, de Julio Bracho. Cinco años más tarde, en la medida que la decadencia del cine nacional lo permitía, fue filmada una trilogía por Miguel Zacarías, conformada por “Jesús nuestro señor”, “Jesús El Niño Dios” y “Jesús, María y José”.
TENTACIONES
Una película marcó el fin de los estereotipos de Cristo: “El evangelio según San Mateo”, de Pier Paolo Pasolini, en 1964.
La imagen del Jesús tranquilo, sonriente y apacible se había impuesto; viene entonces un quiebre con Pasolini: es un Jesús totalmente diverso, hombre de esta tierra, capaz de enojarse, subrayando la lucha misma del hombre.
Martin Scorsese, con “La última tentación de Cristo”, fue el culmen de los pocos directores que se aventuraron a ficcionar sobre la sustancia de la fe católica. La cinta plantea el rompimiento con el paradigma clásico: muestra un Dios-hombre que duda, que se casa con María Magdalena y que fabrica cruces para los condenados a muerte.
En los ochenta, y con la misma tónica de confrontación, también se hicieron “Yo te saludo María”, del francés Jean-Luc Godard, y “Jesús de Montreal”, de Denys Arcand, con su cuestionamiento a la religión.
PIONERO
“Intolerancia” genial
En EU, sería uno de los grandes pioneros del cine, Griffith, quien tocó el tema de Cristo con verdadera espectacularidad por primera vez.
Incluyó la pasión en una de las cuatro partes de que constaba su histórica “Intolerancia”, de 1915. Para rodar las escenas de la subida al Gólgota y la muerte en la cruz se contrató a 3,500 extras, lo que elevó la producción a 300 mil dólares.
La jerarquía de “Intolerancia” radicó según el crítico Jean Mitry, quien calificó a esta cinta de “barroca, confusa y genial” más que en la propia obra, en la considerable influencia que ejerció en el cine posterior.
Junto con “Intolerancia”, los críticos han destacado como la gran película sobre Jesús de la época del cine mudo a “INRI”, realizada en 1923 por Robert Wiene, uno de los maestros del expresionismo alemán, autor de “El gabinete del doctor Caligari”, un mito de la historia del cine mudo.