Editoriales
CATÓN
vie 16 sep 2011, 4:10am 8 de 8

De Política y Cosas Peores



 ¿C Uál es la diferencia entre el Cielo y el Infierno? (Pongo ambas palabras con mayúscula, para no discriminar a nadie). En el Cielo los cocineros son franceses, los policías son ingleses, los mecánicos son alemanes, los encargados de la diversión son mexicanos, y la administración está a cargo de los suizos. En el Infierno los cocineros son ingleses, los mecánicos son franceses, los policías son alemanes, los encargados de la diversión son suizos, y la administración está a cargo de los mexicanos... En la estación orbital los astronautas veían pasar los satélites que surcaban la bóveda celeste. "Ése es americano" -dice uno de los cosmonautas. "¿Cómo lo sabes?" -pregunta el otro. Replica el primero: "Lleva la bandera de las barras y las estrellas". A poco pasa otro satélite. "Ése es japonés" -señala el astronauta-. Lleva el símbolo del Sol naciente". Pasa un tercer satélite. "Ése es mexicano" -declara. "¿Cómo lo puedes decir? -se asombra el compañero-. No trae ninguna bandera, ni símbolo alguno". "Es cierto -admite el astronauta-. Pero en la defensa trasera lleva un letrero que dice: '¿A que no me pasas?, y en la delantera otro que dice: "A tu hermana"... Discutían un español y un mexicano acerca de quiénes eran más inteligentes, si los españoles o los mexicanos. "Mira -le dice el mexicano al español-. En el pueblo hay dos tiendas de abarrotes: la de Pancho el mexicano y la de Venancio el español. Vamos a las dos y te haré una demostración". Llegan primero a la tienda del peninsular. "Venancio -pregunta el mexicano-. ¿Tienes velas con el pabilo para abajo?". "¿Velas con el pabilo abajo? -se rasca Venancio la cabeza, desconcertado-. No, no hay. Todas las velas que tengo llevan el pabilo arriba". Da las gracias el mexicano, y luego se dirige con su amigo a la tienda de Pancho. Le pregunta: "¿Tienes velas con el pabilo abajo?". "¿Velas con el pabilo abajo? -duda Pancho un milésimo de segundo-. Sí, sí hay". Toma un puñado de velas comunes y se las entrega volteadas hacia abajo. Con acento de triunfo le dice el mexicano al español. "¿Lo ves? ¡Los mexicanos somos más inteligentes!". "¡Joder! -protesta el de la Madre Patria-. ¡El hecho de que Pancho tenga su tienda mejor surtida que Venancio no significa que sea más inteligente!"... Un extranjero viajaba en automóvil por el Bajío, y extravió el rumbo. Fue a dar a un pequeño pueblo, y vio sentado en una banca de la plaza a un indito. Le dice: "Me perdí en el camino. ¿Sabes cómo se llega a la Ciudad de México?". "No sé" -contestó el otro. El viajero masculló molesto: "¡Indio tarugo!". "Tarugo, tarugo -replicó el indito-, pero yo no soy el que anda perdido". Un rico estadounidense contrató a un mexicano para que le cuidara su casa, pues iba a hacer un largo viaje. "Yo encargarte mucho a mi perro -le dice-. Ser un animal muy inteligente: saber sumar, restar, multiplicar y dividir, para lo cual dibujar con la pata derecha los números en la tierra. Yo darte dinero para su alimento. Tú comprarle croquetas de las más caras y agua Perrier, pues él no beber de otra". Le dio el míster una buena cantidad de dólares al mexicano para la atención del perro, tras de lo cual emprendió el viaje. El mexicano, desde luego, se embolsó los dólares, y le daba al desdichado animal agua de la llave y las sobras de su comida. Acostumbraba el paisano comer mucho chile, de modo que cuando el yanqui regresó a la casa halló al lacerado perro arrastrando el trasero en la tierra, por la picazón que sentía en salva sea la parte. "Oh my God! -clamó el americano con desesperación-. ¿Qué haberle hecho tú a mi perrito?". "Nada, mister -responde muy tranquilo el mexicano-. Lo que pasa es que escribió en el suelo unas operaciones matemáticas, y yo creo que se equivocó en los resultados, porque los está borrando"... Todos estos cuentos, es cierto, son favorables a los mexicanos. Otros hay en los cuales no salimos bien librados, y entonces gana el español o el gringo. Pero este día celebramos los mexicanos nuestra fiesta nacional, y estos cuentecillos son un inofensivo modo de decir: "¡Que Viva México!"... FIN.

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