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ENRIQUE ARRIETA SILVA
lun 16 sep 2013, 3:18am 9 de 17

Rafael Hernández Piedra, siempre en el recuerdo



Eran las 7:19 de la mañana, de aquel 19 de septiembre de 1985, cuando tuvo lugar el terremoto más devastador de la historia del país, que ascendió a 7.8 en la escala de Richter y que según cifras oficiales, en las que desde luego los mexicanos no creemos, causó la pérdida de 3500 vidas, miles de heridos, miles de desaparecidos y miles de damnificados, entre ellos el licenciado Rafael Hernández Piedra, fallecido en el cumplimiento del deber, aquella fatal mañana del mes lluvioso de septiembre, que golpeó los sentimientos de todos los mexicanos y también los de los pueblos extranjeros, dado que la noticia de que México había desaparecido recorrió el mundo. La ciudad de México no había desaparecido, seguía en píe en medio de la catástrofe, eso sí severamente dañada, como si hubiera sido furiosamente bombardeada y cañoneada por una potencia enemiga.

Quienes tuvimos la gran oportunidad de tratar con cercanía al licenciado Hernández Piedra, sabemos de su cultura y bondad, que lo hacen uno de los mejores Presidentes, junto con el licenciado Carlos Galindo Martínez, que haya tenido el Tribunal de Justicia, hasta la fecha, llámese Supremo o Superior.

Rafael Hernández Piedra, nacido en la ciudad de Durango el 10 de noviembre de 1919, muy temprano se distingue por su apego a la cultura, a la poesía y al derecho. Siendo estudiante del Instituto Juárez, participa en eventos culturales y endereza sus pasos por el Centro Cultural Durangueño, del que es uno de los socios fundadores, y por la política, pues es Presidente de la Sociedad de Alumnos del Instituto Juárez.

Obtiene flores naturales y primeros premios en diversos certámenes literarios locales y foráneos. Merced a su destacada labor literaria su nombre es recogido por la Antología Poética de la Juventud Mexicana, editada por Radio Universidad en 1943; por la Enciclopedia Biográfica del Mundo, editada en Nueva York en 1945; por el libro México y la cultura, que lo incluye entre los poetas de 1960 y por la Antología de Poetas Durangueños, editada por la SEP y la UJED en 1977-1978.

Fue profesor de Literatura preceptiva, Literatura mexicana, Ética, Introducción a la filosofía y de Filosofía del Derecho en su amado caserón juarista.

Es autor de diversos libros de poesía, trabajos poéticos y en prosa y colaborador de revistas literarias y periódicos de circulación nacional, así como fundador de la revista literaria "Tiras de Colores", editada por el maestro Álvaro Gálvez y Fuentes.

Es Agente del Ministerio Público del fuero común en 1947, Sub procurador General de Justicia en 1948, Director General de Educación en 1949-1951, Presidente del Tribunal de Menores 1952-1956, Presidente Municipal de Durango 1956-1958, Diputado al Congreso de Durango 1958-1960, Secretario General de Gobierno 1960-1962, Gobernador Constitucional Interino de Durango 1962.

Otras funciones públicas lo llevan fuera de Durango, como son: Director de Asuntos Jurídicos del Departamento de Turismo 1962-1966, Delegado Federal y Secretario de la Comisión de Turismo del Estado de Guerrero, en Acapulco 1966-1971, Asesor Jurídico de la Lotería Nacional en la ciudad de México 1972-1976, Consejero Agrario en México, Puebla y Oaxaca 1978-1980.

Su trayectoria profesional y política se detiene trágicamente , cuando es presidente del Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Durango y se traslada el 18 de septiembre de 1985 a la ciudad de México, con el fin de sostener una entrevista con los directivos del Instituto Mexicano de Derecho Procesal A. C., a las ocho de la mañana del siguiente día 19, en un restaurante del sur de México, cercano a la Ciudad Universitaria, para acordar lo relativo al XI Congreso Mexicano de Derecho Procesal, del que se planeaba tener al Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Durango, como sede en los días del 28 al 31 de mayo de 1986.

Por circunstancias del destino, la cita que era a las ocho de la mañana en el Sanborn's de San Ángel, muy cerca de la Ciudad Universitaria, con el Dr, Gonzalo Armienta Calderón y colaboradores, se cambió a las 8:30 hrs., lo que vino a sellar su desenlace trágico, pues puntual como era, si en un principio pensó en salir del Hotel Regis a las siete horas para estar a tiempo, con el cambio de la hora, determinó hacerlo a las 7: 30 hrs., y el temblor ocurrió a las 7: 19 hrs., es decir, de haberse mantenido la hora inicial del desayuno, hubiera sobrevivido, porque el fenómeno telúrico, lo habría sorprendido en el trayecto. Así las cosas, el derrumbe, la explosión e incendio del Hotel Regis, el edificio más castigado por el temblor, le impidió llegar a la cita, al quedar sepultado con su mundo de ilusiones e ir al encuentro de su esposa doña Magdalena Moreno, impunemente sacrificada apenas dos meses atrás por balas que no eran para ella, a quién también recordamos con aprecio y cariño, como una gran dama de silenciosa sabiduría y risa poblada de mariposas, como así la describe Rafael en su carta profética de reencuentro, en la que le dice que pronto estarán juntos y que mientras la abraza con amor:

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