Editoriales
ROLANDO CRUZ GARCÍA
sáb 8 nov 2014, 10:44am 8 de 8

La importancia de la educación a lo largo de la vida



Educar al hombre a lo largo de toda su vida y prepararle para vivir como ciudadano, como profesional y como un sujeto valioso para la sociedad, se ha convertido en la misión última y más importante de los procesos educativos.

Se reconoce además que la educación debe acompañar al ser humano en y durante todo su desarrollo, en lo psicosomático y en todas las fases de su vida, en todas sus circunstancias personales y laborales, lo que debe permitirle vivir una existencia valiosa y auténtica.

Para lograrlo es necesario reestructurar nuestra pedagogía, buscando satisfacer las necesidades del hombre como trabajador y como padre de familia; un ser social al que se le reconoce como insuficientemente instruido, sin cualificación para poder ocupar mejores empleos, empleos que exigen conocimientos técnicos cada vez más avanzados. Para ello la educación no debe abandonar al hombre a la salida de la escuela; debe acompañarlo a lo largo de su existencia.

De lo anterior, surge la necesidad de implementar sistemas que desarrollen la educación continua y las capacidades abiertas de los sujetos, preparándoles para enfrentar las variadas situaciones que le pueden surgir día a día, en lugar de transmitirle conocimientos cada vez más específicos y cuyo período de validez es cada vez más corto. De aquí surgen los sistemas abiertos y a distancia, los semipresenciales, los tutoriales, etc.

A este respecto es fundamental la opinión que emitió la UNESCO desde finales del siglo pasado y que establece en su capítulo V, relativo a La educación a lo largo de la vida: "La educación ocupa un lugar cada vez más importante en la vida de los individuos, a medida que aumenta su función en la dinámica de las sociedades modernas" (Comisión Delors, UNESCO, 1996).

Este fenómeno tiene diversas causas, por ejemplo la división tradicional de la vida, en períodos claramente separados: la infancia y la juventud, dedicadas a la educación escolar; la edad adulta, consagrada a la actividad profesional y al período de la jubilación. Dicha división ha dejado de corresponder a la realidad de la vida contemporánea y se ajusta menos a los imperativos de un futuro, que ya está aquí.

Nadie puede hoy esperar que el acervo inicial de conocimientos construidos en la juventud le baste para toda la vida, pues la rápida evolución del mundo exige una actualización permanente del saber, en un momento en que la educación básica de los jóvenes tiende a prolongarse. Por otra parte la reducción del período de actividad profesional, la disminución del volumen total de horas de trabajo remuneradas y la prolongación de la vida después de la jubilación (cada vez aumenta más la esperanza de vida) aumentan el tiempo disponible para otras actividades.

En lo sucesivo, el período de aprendizaje debe cubrir toda la vida y cada tipo de conocimiento invade el ámbito de los demás y los enriquece. En el siglo XXI, la educación cubre una nueva misión que abarca las múltiples formas que puede adoptar desde la infancia hasta el final de la vida. "La educación a lo largo de la vida no es un ideal lejano sino una realidad que tiende cada vez más a materializarse en el ámbito complejo de la educación" (Jaques Delors, 1996).

El adelanto científico y tecnológico y la transformación de los procesos de producción, que buscan siempre una mayor competitividad, han determinado que los saberes y las técnicas de cada individuo, adquiridos durante la formación inicial, pierdan rápidamente vigencia (obsolescencia de saberes) y se acentúa la necesidad de desarrollar una capacitación profesional permanente; en el caso de los profesores esto no es la excepción, toda vez que los formadores de sujetos que habrán de enfrentar estos adelantos son precisamente los sujetos-docentes.

La educación a lo largo de la vida, responde en gran medida a un imperativo de orden económico y permite a las empresas dotarse de personal con las mejores aptitudes, necesarias para mantener el empleo y reforzar su competitividad. Pero por otra parte, brinda a los individuos la oportunidad de actualizar sus conocimientos y vislumbrar posibilidades, no sólo de ascenso, sino de trascendencia.

Ahora bien, la educación a lo largo de la vida, en el sentido que le da la UNESCO, va aún más lejos: "Debe dar a cada individuo la capacidad de dirigir su destino en un mundo en el que, la aceleración del cambio, acompañada del fenómeno de globalización, tienden a transformar radicalmente la visión de mundo y vida".

El saber, el saber hacer, el saber ser y el saber convivir en sociedad constituyen los cuatro aspectos, íntimamente enlazados, de una misma realidad, que no se termina con la instrucción escolar formal y escolarizada.

La educación a lo largo de la vida representa para el ser humano una construcción continua de conocimientos y aptitudes, de ejercer su facultad de juicio y acción, de permitirle tomar conciencia de sí mismo y de su entorno; de desempeñar su función social en el mundo del trabajo y en el de su vida personal y pública.

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