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Enrique Sada Sandoval, investigador histórico
dom 13 sep 2015, 8:22am 6 de 6

Mexicanos a sangre y fuego: el Heroico Batallón de San Patricio

El patrono de la verde Irlanda: San Patricio.


SIGLOS DE HISTORIA

Dedicado a Su Excelencia Eamon Hickey, Embajador de la hermana Irlanda en México

Un capítulo glorioso en la memoria mexicana, aunque desdeñado por la "historia oficial", lo es sin lugar a duda y en consecuencia aquél que se refiere a ese puñado de hombres valerosos que atrajo tras de sí lo mismo a compatriotas suyos que extranjeros para luchar bajo el pabellón trigarante en justa guerra contra la nación de las barras y las estrellas durante la invasión de 1847. Tras la derrota ominosa de Santa Anna en Tejas y la firma de los Tratados de Velazco en 1836, México había permanecido indolente ante la pérdida de la provincia que abarcaba desde el Río Nueces hasta la Louisiana.

Lejos de adoptar una política inteligente como lo hiciera Gran Bretaña al reconocer a Tejas como país (en aras de evitar su anexión a los Estados Unidos) o de recuperar por la fuerza lo que por legítimo derecho correspondía a la nación, la clase política se mantuvo cruzada de brazos cuando no enfrascada en luchas fratricidas hasta que sucedió lo previsible: en 1845 Tejas se anexó a la Unión Americana. Este hecho preparó el camino hacia una guerra que solo necesitaría cualquier provocación mínima para estallar. Y la provocación sería provista por cortesía del esclavista presidente James Polk, para justificar sus pretensiones expansionistas sobre México.

A finales de marzo de 1846 el general Zachary Taylor, quien comandaba un ejército de 3,900 hombres (de los cuales la mitad habían nacido en Irlanda, Gran Bretaña y Europa) construyó una fortaleza frente a Matamoros, donde existía una base militar mexicana. El 25 de abril de 1846 una unidad de la caballería mexicana atacó a una estadounidense que incursionó en territorio mexicano, dio muerte a once estadounidenses, hirió a seis y tomó prisioneros a 63. Taylor envió la noticia a Washington, donde Polk esperaba el incidente por él maquinado para declarar la guerra que tanto deseaba.

Cuando se supo del campamento estadounidense sobre el río Bravo, el general Pedro de Ampudia, comandante del Ejército Mexicano del Norte, arribó a la zona con 2,400 soldados, no sin antes ordenar la impresión de volantes en inglés que pasaron de contrabando al campamento estadounidense. En el texto, dirigido "A los ingleses e irlandeses del ejército del General Taylor", Ampudia protestaba contra la injusta agresión estadounidense e invitaba a los soldados a desertar: "Recuerden que nacieron en Gran Bretaña, que el gobierno estadounidense mira con frialdad la poderosa bandera de San Jorge y está provocando hasta que truene al pueblo guerrero al que pertenece…Polk está manifestando con desafío el deseo de tomar posesión de Oregon, como ya ha hecho con Tejas. Así pues, vengan con toda confianza a las filas mexicanas".

Uno de los primeros desertores en cruzar el río Bravo fue un irlandés llamado John O'Riley, conocido a la postre como John Riley, quien se convirtió en el organizador del Heroico Batallón de San Patricio. Nacido en Clifden, Irlanda; en 1824, Riley es descrito como un hombre alto, musculoso y de hombros anchos, con cabello oscuro, ojos azules y tez rubicunda, que había servido en los ejércitos de tres países: Gran Bretaña, Estados Unidos y México. Un domingo 12 de abril pidió permiso para asistir a una misa ofrecida por un sacerdote de Matamoros, pero nunca regresó a su unidad y fue reportado como desertor: "Desde abril de 1846-recordaría después- cuando me separé de las fuerzas norteamericanas […] he servido constantemente bajo la bandera mexicana. En Matamoros formé una compañía de 48 hombres". Para julio de 1847, esta compañía de hombres contaría con doscientos soldados: compuesta por desertores del ejército estadounidense tanto como por extranjeros residentes en México (ciudadanos británicos y hasta veteranos de las guerras napoleónicas) que se unieron bajo un mismo pabellón. La descripción de la divisa que ondearon con orgullo aquellos hombres parece haber tenido variaciones a lo largo de la campaña. Riley refirió que la bandera era verde esmeralda con una imagen de San Patricio emblasonada de un lado más un trébol y la mítica arpa de Erin por el otro; un corresponsal norteamericano la describió hecha de seda verde, con un arpa bordada y el escudo de armas mexicano con las palabras "Libertad por la República Mexicana", y bajo el arpa la leyenda "Erin go Bragh" (Irlanda por siempre). Por otra parte, Samuel Chamberlain, la recordaba como: "Una hermosa bandera de seda verde… en ella brillaba una cruz plateada y un arpa dorada, bordadas por las manos de las bondadosas monjas de San Luis Potosí".

Su bautizo de fuego ocurrió cuando estaban apostados en Matamoros, de donde marcharon para asistir a la defensa de la ciudad de Monterrey, Nuevo León. Aún cuando Taylor ocupaba Monterrey, la defección de sus tropas se convirtió en un problema tan grave como evidente, tal como refirió el mayor Luther Giddings respecto a cincuenta desertores norteamericanos: "A éstos el enemigo [los] recibió con alegría y alistó rápidamente en sus filas, donde sirvieron con un coraje y fidelidad que nunca habían exhibido en las nuestras. Sin duda el más humilde del batallón de San Patricio fue honrado con mucha consideración por los mexicanos". Es innegable la identificación histórica de los irlandeses con la causa de la justicia y la libertad, y tanto más a favor de la América Española como fue el caso del General Daniel Florence O'Leary con Simón Bolívar y el del Virrey Juan O`Donojú (O`Donohue) con Agustín de Iturbide, ambos grandes colaboradores de dos grandes Libertadores. Por otra parte, fue el propio Ejército de los Estados Unidos el culpable de estas deserciones en tanto practicaba una política de discriminación brutal y extensa en contra de los católicos. Se sabe que los oficiales protestantes animaban la profanación de imágenes religiosas, la violación de mujeres y el vandalismo contra templos, feligreses y propiedades. Además, dentro del común de los irlandeses hubo una gran identificación entre su pueblo de origen y el pueblo que ahora juraban defender, asediado desde su Independencia también por una nación expansionista, injusta y apóstata.

Después de rendición de Monterrey, la próxima batalla tuvo lugar al sur de Saltillo, en el célebre paso de La Angostura. Una vez que Santa Anna pasó revista el 22 de febrero, se asignó el mando de la batería de cañones a cargo de ochenta hombres de la compañía de San Patricio. La batería de San Patricio, situada en una loma desde donde dominaba toda la llanura, disparó botes de metralla que abrieron grandes huecos en las filas estadounidenses, al grado que Taylor y sus huestes estuvieron a punto de ser barridos en lo que puede considerarse como la única batalla ganada durante la guerra. Sin embargo, el triunfo de La Angostura, donde más de la tercera parte del mítico Batallón murió o fue herida, duró hasta que Santa Anna ordenó la retirada a San Luís Potosí para reabastecerse.

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