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ENRIQUE ARRIETA SILVA
lun 30 ene 2017, 9:17am 7 de 32

La Constitución de 1917 en su centenario



LETRAS DURANGUEÑAS

La Constitución de 1917, cuyo centenario debemos celebrar con solemnidad y entusiasmo, el ya muy próximo 5 de Febrero de este año de 2017, es hija directa de la Revolución Mexicana, del Plan de Guadalupe, del discurso de don Venustiano Carranza en Hermosillo, de las reformas al Plan de Guadalupe y desde luego del Congreso Constituyente.

De la Revolución Mexicana, porque fue ella la que roturó en sus trincheras al costo de un millón de vidas, el triunfo de las armas maderistas y de las armas constitucionalistas, que hicieron posible la convocatoria del Congreso Constituyente.

Del Plan de Guadalupe, firmado el 26 de marzo de 1913, en la hacienda del mismo nombre por don Venustiano Carranza y un grupo de jóvenes oficiales revolucionarios, porque fue este Plan el que llamó a la lucha para derrocar al traidor de Victoriano Huerta, quien había asesinado a don Francisco I. Madero y a don José María Pino Suarez, para hacerse vilmente del poder.

Aquí hay que señalar con sincera emoción que la pluma con que se firmó el Plan de Guadalupe, fue la misma con la que se firmó la Constitución por Carranza y los constituyentes.

Del discurso en el Ayuntamiento de Hermosillo, Sonora, pronunciado por don Venustiano Carranza, el 24 de septiembre de 1913, en el que textualmente dice: “Tendremos que removerlo todo. Crear una nueva Constitución cuya acción benéfica sobre las masas nada ni nadie pueda evitar.”

De las Reformas y Adicionesal Plan de Guadalupe, elaboradas en la ciudad de México el 14 de septiembre de 1916, porque mediante ellas se anuncia la idea de convocar a las elecciones de diputados constituyentes para elaborar una nueva Constitución. Conforme a estas reformas y adiciones se convoca al Constituyente, estableciéndose que se elegirá un diputado propietario y un suplente por cada sesenta mil habitantes o fracción que pasara de veinte mil, que la población de un Estado o territorio que fuera menor de esta cifra, elegiría sin embargo un diputado propietario y un suplente, además que los candidatos deberían de llenar los requisitos exigidos por la Constitución de 1857 y no haber ayudado con las armas o sirviendo en empleos públicos a los gobiernos o facciones hostiles a la causa constitucional.

Con esto último, se dejaba fuera de la posibilidad de ser constituyentes a los huertistas, villistas y zapatistas que habían hecho armas en contra de los constitucionalistas.

Y del Congreso Constituyente que hizo la hombrada de elaborar la Constitución del primero de diciembre de 1916 al 31 de enero de 1917, es decir, en dos meses, trabajando arduamente sobre el proyecto presentado por don Venustiano Carranza, elaborado por el constituyente guanajuatense José Natividad Macías, quien había sido en dos ocasiones Rector de la Universidad Nacional. Para valorar cabalmente el esfuerzo del Constituyente hay que considerar que el Constituyente de 1824 contó con casi once meses para dar cima a su Constitución y el de 1857 con un año.

Siguiendo a Manuel González Oropeza en la introducción que hace a la publicación de algunos trabajos elaborados por distinguidos constituyentes, puede decirse que de los 218 diputados que concurrieron a la inauguración del Congreso Constituyente 56 eran abogados, 28 militares, 24 obreros, 21 médicos, 18 ingenieros, 16 de distintas profesiones, 13 profesores y 8 periodistas y que su edad promedio era de 30 años. Como se ve los abogados eran mayoría, lo cual puede verse como normal, pues se trataba de hacer una Constitución, que es la ley de leyes, y no de enredar las pitas, como llegó a decir folclóricamente el coronel constituyente Epigmenio Martínez, ranchero y socarrón, en el debate al segundo dictamen del artículo 16.

Dentro de ese núcleo de constituyentes, figuraron los constituyentes por Durango, a saber: Alberto Terrones Benítez, Silvestre Dorador, Rafael Espeleta, Fernando Castaños, Antonio Gutiérrez, Fernando Gómez Palacio y Jesús de la Torre, quienes para nuestro orgullo desempeñaron un importante papel al lado de Pastor Rouaix, en la elaboración de los proyectos de los artículos 27 y 123, mismos que le dan a la Constitución de 1917, el honor de ser la primera Constitución político-social del mundo, nada más ni nada menos.

Promulgada la Constitución el 5 de Febrero de 1917, fue criticada negativamente por los Estados Unidos de Norteamérica pues les molestaba particularmente el artículo 27 al hacer propiedad de la nación los recursos materiales del subsuelo, valga decir petróleo. El clero latinoamericano la desaprobó por considerarla bolchevique y el clero mexicano lanzó la fuerte ofensiva del movimiento cristero, que fue la más fuerte ofensiva lanzada en contra de ella, a tal punto que los cristeros teniendo la seguridad del triunfo proclamaron su propia constitución con tufo corporativista y fascista.

Los cristeros fueron derrotados y desde entonces para acá, nadie cuestiona la legitimidad de la Carta Magna de 1917, aunque si se da cierta corriente en el sentido de opinar que es necesaria una nueva Constitución.

Llegado aquí, es el momento de considerar si es necesaria una nueva Constitución para México, como algunos lo proponen, incluido el mismo Cuauhtémoc Cárdenas, pese a que es hijo de uno de los forjadores del México revolucionario.

Quienes así lo propugnan lo hacen más bien con afán protagónico y con ignorancia constitucional.

Nada hay en nuestra Constitución, que autorice a convocar a un Congreso Constituyente que elabore una nueva Constitución, antes bien todo apunta a la supervivencia de la actual, que si bien ha cumplido cien años y México ya no es el mismo de 1917, para adecuarla a los cambios políticos sociales y económicos, es decir, a un México en el constante cambio, para eso está contemplado el llamado Constituyente Permanente en el artículo 135 constitucional, integrado por el Congreso de la Unión y las Legislaturas de los Estados, organismo encargado de adicionar y reformar la Constitución, para que siga normando la vida de México en concordancia con los cambios necesarios.

No necesitamos pues una nueva Constitución, lo que realmente necesitamos es cumplir cabalmente con la que tenemos, que es una buena Constitución y mejorarla con buenas reformas como pueden ser las siguientes a mi leal saber y entender.

En primerísimo lugar, volver al principio de no reelección como estaba establecido antes, porque el actual es completamente contrario al espíritu de la Constitución de 1917 y a la revolución que fue diametralmente antirreeleccionista.

Consagrar la verdadera autonomía financiera del Poder Judicial de la federación y de los Estados, estableciendo en el texto constitucional un porcentaje a su favor del presupuesto nacional.

Separar la posición de líder o jefe del partido oficial de la función de titular del Ejecutivo.

Hacer que la democracia política y la democracia económica vayan aparejadas.

Reducir la honda diferencia de niveles de vida que separa las clases sociales y combatir la miseria de trabajadores y campesinos.

Establecer una igualdad real entre hombres y mujeres.

Finalmente una pregunta se impone.

¿Se habrá dado cuenta el Congreso local que este cinco de Febrero se cumplen cien años de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, y más aún se habrá dado cuenta que la Constitución de Durango promulgada el 6 de octubre de 1917, también cumple cien años y que por lo tanto las dos merecen sendos homenajes? Y lo que es más que la Constitución del Estado de Durango, merece un rotundo desagravio por haber sido ninguneada en el sexenio anterior por los titulares de los tres poderes de gobierno y el pelele titular de la Presidencia Municipal en los últimos meses, al afirmar mentirosamente que Durango tenía una nueva Constitución, y hasta hubo alguien que se atrevió a escribir inconsultamente un libro sobre la V Constitución de Durango y establecer una oficina oficial, dizque para socializar la nueva Constitución de Durango, y todo este circo tan solo porque habían hecho unas insulsas e insaboras reformas a la Constitución.

¡Loor a la Constitución federal de 5 de Febrero 1917 y a la Constitución local de 6 de octubre de 1917!

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