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SARTRE Y LAS MOSCAS

EL SIGLO DE DURANGO, ūüēö
SARTRE Y LAS MOSCAS

``Las moscas' es una de las obras menos citadas de Sartre, es una obra de teatro y es en ella donde se capta con mayor facilidad el concepto de libertad que encontramos en el cap­tulo uno de "El ser y la nada".

"Las moscas" toca el tema de la tragedia griega tratado en la antigua Grecia por Esquilo en la obra "Agamenãn". El tema es el siguiente: Agamenãn, rey de Argos, esposo de Clitemnestra, h©roe vencedor en la Guerra de Troya, regresa a su reino donde es asesinado por Egisto, el amante de Clitemnestra. El asesino usurpa el trono. Orestes y Electra, hijos de Agamenãn, planean la venganza y la ejecutan. Egisto y Clitemnestra son asesinados por Orestes. As­ de sencillo es el tema en la tragedia griega, pero Sartre le agrega el enorme e incre­ble concepto de libertad en "Las moscas".

Vayamos al tema de la libertad. Egisto, el usurpador, presiente el peligro que significa el joven Orestes y le pide a Dios, a Jêpiter, que lo destruya, que lo fulmine porque puede poner en peligro la estabilidad y la paz del sistema que reina en Argos. Jêpiter, Dios, le dice que no puede hacer nada, que una vez que un hombre sabe que es libre, los dioses ya no pueden hacer nada.

Orestes mata a Egisto, al Seáor usurpador de Argos y mata a Clitemnestra, a la mujer que le dio la vida y amor, y le dice a su hermana, textualmente en la obra de Sartre: "soy libre, Electra, la libertad me ha ca­do como un rayo. Este acto lo llevar© a hombros como un barquero lleva a la gente de un lado a otro, lo pasar© a la otra orilla y all­ rendir© cuentas. Y cuanto m¡s pesado sea de llevar, me alegrar©, porque este acto es mi libertad".

Orestes asume la responsabilidad de su crimen, porque toda decisi√£n se da en libertad y toda libertad implica responsabilidad. Sartre lo dice en todas sus obras: "estamos condenados a ser libres", todos, todos somos libres, el asesino y el suicida, el recto y el torcido, todos, todos los que podemos decidir, somos libres, no podemos culpar a nadie de lo que decidimos y hacemos.

J√™piter, Dios, le reprocha a Orestes su actitud, le dice: "te he dado tu libertad para servirme", y Orestes le responde: "yo soy mi libertad. Apenas me creaste, dej¬© de pertenecerte. Ayer eras un velo en mis ojos y luego me has abandonado. Estoy condenado a no tener otra ley que la m¬≠a. Porque soy hombre y todo hombre debe inventar su propio destino. T√™ eres Dios y yo soy libre. ¬ŅQui¬©n te dice que yo no haya buscado el remordimiento durante las noches para poder dormir? Pero yo no puedo tener remordimientos ni dormir".

En este di¡logo Orestes le dice a Jêpiter que se siente abandonado, pero no, Dios no abandonã a nadie, no dejã al hombre abandonado a su suerte, le dio la libertad, y la libertad provoca esa sensaciãn de abandono. Cristo tambi©n se sintiã abandonado en la cruz; pero no estaba abandonado, se sintiã as­ porque en ese momento no era Dios, era un hombre como nosotros que sab­a que era libre. Orestes le dice: "yo soy la libertad".

Orestes se queda solo con su libertad. As­ se queda el hombre que sabe que es libre. Asume sus actos. Decide en libertad y lucha contra las moscas. Es libre y se va a construir su destino, m¡s all¡ de las montaáas. Sartre y De la Riva nos recuerdan que los cl¡sicos griegos nos enseáaron el camino de la libertad y nos dicen que nosotros hemos equivocado el rumbo por m¡s de dos mil 500 aáos. Pero la seáal est¡ aqu­ en nosotros, la llevamos en la frente como los Buend­a de ``Cien aáos de soledad' llevaban pintada la cruz de ceniza, por eso no la vemos, por eso no vemos la seáal de la libertad. Pero la veamos o no, estamos condenados a ser libres.

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SARTRE Y LAS MOSCAS
. (ARCHIVO)