Editoriales
YAMIL DARWICH
jue 15 feb 2018, 8:59am 5 de 8

¿Irremediable?



Diálogo

En cerrado diálogo con algunos viejos, amigos de café, tratamos el tema de la corrupción, fenómeno social que ha existido en todos los tiempos, pero que últimamante se ha desbordado irracionalmente, hasta llegar a destruír economías y relaciones de países enteros.

Recuerde los castigos a la corrupción asentados en el Códico de Hammurabi, donde los Babilonios marcaban penas a diferentes crímenes, entre ellos el robo y abusos varios; ni que decir del judaísmo o la religión cristiana-helénica, cuando el evangelista nos narra sobre el servidor deshonesto que cambió cantidades de barriles de aceite y sacos de trigo para asegurar su vida de desempleado.

Los tiempos modernos no han quedado fuera de la corrupción; así ha sucedido con los estados de los últimos siglos, caso del Nazismo y los robos en dinero y arte por los alemanes derrotados; la Italia corrupta; o la Francia desbordada por denuncias de raterías y hasta abusos sexuales cometidos por sus líderes. A útimas fechas, los escándalos del gobierno federal, de políticos norteamericanos, -negociaciones antipatriotas o escándalos sexuales de sus políticos- encabezados por el desequilibrado Trump, amenazan con acelerar el declive de la nación más poderosa del mundo.

Latinoamérica no podría ser la excepción y junto con los países "mierdas" -todos identificados por su pobresa económica- muestran el grado de corrupción de sus líderes, quienes amasan fortunas inmensas y generan miseria en sus gobernados y/o sometidos.

Desgraciadamente, los mexicanos sobresalimos en acciones corruptas; le comparto algunos datos impresionantes, obtenidos en diferentes fuentes regularmente confiables: 79% de los mexicanos reconocemos a la corrupción como un grave problema, presentándose más de 5 millones de casos sólo en trámites oficiales; el 44% de las empresas han debido dar mordidas para agilizar sus negocios; nos colocan en el lugar 95 en la corrupción entre todos los países del mundo, 35 en la OCDE y el 15 en Latinoamérica.

El 50% de los empresarios mexicanos reconocen que la corrupción les afecta seriamente y el 40% de los inversionistas declaran haber tomado -por ello- decisión de no invertir.

El 90% de los empresarios consideran muy importante atacar a la corrupción, considerándola en primer obstáculo para la productividad nacional y la ONU nos define país altamente corrupto, primera causa de la no inversión en México.

La Corporación Financiera Internacional, miembro del Banco Mundial, señaló que la corrupción equivale a 9% del PIB; la OEA apunta que en México, cuesta relativamente cinco veces más que a nivel mundial y la sitúa en 10% del PIB nacional; el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) calculó que la corrupción le cuesta a nuestro país cerca de 1.5 billones de pesos, equivalente a 10% del PIB; México ¿Cómo Vamos?, menciona la cifra en 341 mil millones de pesos al año, aproximadamente a 2% del PIB nacional y supone la pérdida de 2% del crecimiento anual.

Transparencia Mexicana, -en 2007- calculó que las "mordidas" costaron a los hogares mexicanos cerca 165 pesos. Imagine el incremento actual del crimen; el costo para los trámites y servicios públicos, en 2007, fue de alrededor de 27,000 millones de pesos. Dimensione el costo actual.

La cifra del monto promedio anual del ingreso de los hogares mexicanos que se destina a pagar la corrupción, es de 14% en general y 33% para los más pobres, aquellos que perciben un salario mínimo, representándoles un impuesto regresivo considerable.

Por su parte, el Observatorio de La Laguna, señaló según su Encuesta de Percepción Ciudadana, que el 94 por ciento de la gente en Torreón y 90 por ciento en Gómez Palacio, consideran la corrupción como "muy frecuente y frecuente" y que la cifra representa una disminución, con respecto a los resultados de la misma encuesta del 2016, cuando fue de 96 por ciento en Torreón y 99 por ciento en Gómez Palacio.

El reto es enorme y podremos resolverlo en el largo plazo; sin embargo, no actuar, representará condenar a las nuevas generaciones a padecer mayores carencias. Hoy día, se calcula que 2 de cada 3 laguneros viven algún tipo de las pobrezas definidas.

Desde luego que sí hay remedio: la educación en el hogar, con el ejemplo personal; renunciando a participar en la ilegalidad -mordidas, piratería, impago de impuestos, etc.-; denunciar a quienes participan en actos de corrupción y apoyarse en los medios de difusión -serios y formales- para hacer denuncias; exigir trabajo honesto a los funcionarios públicos; obligar a la transparencia; tener participación ciudadana efectiva, desde enterarnos de posturas políticas, votar, hasta defender nuestro voto; involucrarnos en organizaciones sociales, de ONGs., profesionales, etc.

Ante todo: que evitemos nos abata la desesperanza y la parálisis paradigmática, reconociendo y rechazando nuestra posible participación en la corrupción, rompiendo con ella y motivando a los cercanos y conocidos a luchar para exterminarla. ¿Renuncia a la pasividad e indiferencia?

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