Siglo Nuevo
Carmen Sigüenza
vie 27 abr 2018, 9:16am 2 de 2

Beatriz González, historia al óleo

Decoración de interiores. Foto: EFE


Versiones y recreaciones con telón documental

Sobre el mecanismo creativo, la respuesta es clara, cualquier cosa pone en marcha el sistema. La inspira un pintor holandés del siglo XVII, Jan Vermeer, o bien un bolso polvera que le recuerda a Sara Montiel.

La colombiana, una de las artistas y "maestras" más importantes del siglo XX, ha reconstruido la historia de su país a través de los pinceles y con ello ha dado el salto al Viejo Continente. La primera monográfica sobre su obra arribó al Museo Reina Sofía (MRS), en el Palacio de Velázquez del Retiro.

El arte de la nacida en Bucaramanga en 1938 transita entre la ironía y el dolor. Su trabajo "se caracteriza por el uso de las imágenes como metáforas que narran lo que no está escrito, lo que la historia no puede contar, que escribe lo que no se puede narrar y que lee lo que no está escrito", así lo describió el director del MRS, Manuel Borja Villel.

"Beatriz González es una artista de artistas y no se podría entender, por ejemplo, la obra de Doris Salcedo sin Beatriz. Es una artista que también ha contado la historia complicada de su país, con una obra poética y única y desgraciadamente no suficientemente conocida en este país", subrayó Villel.

La exposición está compuesta por casi 160 obras, entre pinturas, dibujos, laminas, esculturas e instalaciones realizadas entre 1965 y 2017, además de archivos presentados por diferentes museos de todo el mundo, en un diálogo entre las narrativas populares y la pintura formal.

Es descrita por muchos como la pionera del arte pop latinoamericano, pero Beatriz González no percibe acierto en esa percepción: "No me considero una artista pop. Yo soy anterior a Warhol, a nosotros sólo nos llegó el expresionismo abstracto. Mis inicios no fueron pop, pero sí que tengo cierta empatía con el movimiento, todo está en el aire, pero a mí me gustan las imágenes imprecisas y a ellos, no".

En lo que sí fue pionera en su país fue en el ámbito de la relación entre la educación y los museos, como centros de conocimiento y espacio de reflexión.

/media/top5/SNarteBgonzalez.jpg La última mesa. Foto: Palacio de Velázquez
INFATIGABLE

A sus 80 años de edad, González Aranda no para de trabajar. Sus herramientas permanecen en buena condición: "Tengo cabeza, manos y sensibilidad", dice.

Sobre el mecanismo creativo, la respuesta es clara, cualquier cosa pone en marcha el sistema. La inspira un pintor holandés del siglo XVII, Jan Vermeer, o bien un bolso polvera que le recuerda a Sara Montiel. Así ha sido desde hace varias décadas, cuando iba, en los setenta del siglo pasado, a los mercadillos de Bogotá a comprar objetos y muebles para luego transformarlos.

Todo comenzó, según relató la artista, con su archivo alimentado por el reporterismo gráfico, los recortes de prensa, postales o láminas universales. Ahora confiesa que dos personas le ayudan a catalogar ese archivo, un tesoro. Luego vienen las transformaciones, el traslado a diferentes soportes, como cortinas, muebles, camas o mesas.

En su Telón de la móvil y cambiante naturaleza (1973) González pintó sobre un telón de siete por doce metros una copia del Almuerzo sobre la hierba, de Manet, esto a partir de una desvaída reproducción del cuadro que encontró en la portada de una revista.

Otras piezas que se han convertido en señas de identidad de la colombiana son una bandeja inmensa con la pintura de Salomé y la cabeza del Bautista, un mueble recibidor con la imagen de La Gioconda. Una obra más de Leonardo, La última cena fue plasmada en una mesa llamada La última mesa (1970), también hay un tocador con la Virgen de la silla de Rafael Sanzio.

Todo ello se mezcla con obras de óleo sobre papel. En sus creaciones es posible ver a Beatriz González como cronista política de Colombia, la artista habla del dolor generado en la sociedad "por la violencia, la corrupción política o el narcotráfico".

En Auras anónimas la reflexión va de la mano con la crítica, se trata de una intervención realizada por la nacida en Bucaramanga en el cementerio de Bogotá. Se la dedicó a los fallecidos en la revuelta del 9 de abril de 1948, el llamado Bogotazo, consecuencia del asesinato del candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán.

La selección para la estancia europea incluye la foto de un proyecto que según la artista está en peligro y de cómo le gustaría que quedara la obra.

La exposición permanecerá en Madrid hasta el 2 de septiembre. El siguiente punto en su itinerario es el Kunst-Werke Institute for Cotemporary Art, en Berlín, Alemania.

TRATO

Para explicarse, González Aranda suele recurrir a una cita anónima: “El arte cuenta lo que la historia no puede contar”. Un eje de su inventario de creaciones es la memoria, no como una coartada con vena nostálgica o melancólica sino a través de una lectura ejemplar.

En su obra, los mass media emprenden un coloquio con las narrativas populares. Su postura favorable al diálogo, entre ideas, objetos, disciplinas, no es gratuita, esa palabra fue echada de menos en su país por décadas.

Ha diseñado proyectos de exposiciones y de investigaciones para instituciones como el Museo Nacional de Colombia, la Biblioteca Luis Angel Arango o el Museo de Arte Moderno de Bogotá. En este último fue nombrada, a mediados de los setenta, directora del Departamento de Educación.

En su dilatada trayectoria ha sido notable influencia para artistas, críticos y curadores de la nación sudamericana. Su lección, una que ha reiterado siempre que ha puesto manos a la obra, es que el arte también es transmisión de conocimiento y no la mera exhibición de piezas. Recomienda ver al público en su calidad de interlocutor activo que es capaz de entablar un diálogo directo y abierto con la obra.

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Exposición de pintura de la artista colombiana Beatriz González en el Palacio de Velázquez del parque de El Retiro. Foto: Palacio de Velázquez

TRAYECTORIA

González Aranda estudió Bellas Artes con Juan Antonio Roda en la Universidad de los Andes. Luego hizo un curso de grabado en la Academie van Beeldende Kunsten de Rotterdam, en los Países Bajos.

Su labor como historiadora abarca títulos como Ramón Torres Méndez, entre lo pintoresco y la picaresca (1985), Roberto Páramo, pintor de la sabana (1986), José Gabriel Tatis, un pintor comprometido (1987) y Las artes plásticas en el siglo XIX, en la Gran Enciclopedia de Colombia (1993).

Su primera exposición data de 1964. Presentó, en la capital colombiana, una serie de variaciones sobre La encajera, de Vermeer, en la que predominaron el colorido y la armónica composición.

Al año siguiente, con sus dos versiones de Los suicidas del Sisga, trabajadas a partir de una fotografía de prensa, inauguró el enfoque característico de su obra, la observación de su país, de lo colombiano, para acuñar un mensaje universal.

Forman parte del inventario de Beatriz González los próceres de la historia colombiana, los retratos de familias acomodadas, episodios de las páginas de sociales y de la nota roja, estampas populares. No es raro que se destaque, entre las habilidades de la artista, la mirada sociológica.

Se define a sí misma como una artista a la antigua. ¿Necesita pintar? Pues lo hace. A más de medio siglo de distancia todavía se pregunta por qué le llamó la atención la foto de los suicidas en el periódico.

Su afición por trabajar versiones de las obras de grandes maestros no se reduce a Veermer o da Vinci, también ha hecho lo mismo con cuadros de Picasso, Rafael, Jean-August-Dominique Ingres, Jean-Francois Millet, Cézanne, Degas, Renoir y más.

El porqué, según la colombiana, tiene dos partes: su inhabilidad para componer y su admiración por las obras de estas figuras.

El detonante es un estímulo arbitrario, común en los artistas. Beatriz González percibe el nacimiento de nuevas asociaciones, ve surgir, de unos toalleros en forma de concha, la imagen de El nacimiento de Venus de Botticelli.

A veces, el proceso sigue la vía inversa, la creadora visualiza un objeto donde debería estar tal o cual composición. Así nacieron los telones inspirados en Manet, Monet y Gauguin.

Y entre ejemplos y ejemplos de los grandes maestros, dedica otra parte de su labor a satisfacer su interés por lo nacional. Por esos caminos acaban en su repertorio desde presidentes y narcotraficantes hasta personalidades como el exfutbolista René Higuita.

Decoración de interiores. Foto: EFE
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