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IGNACIO ESPINOZA GODOY
lun 9 jul 2018, 9:25am 5 de 5

¿Círculo vicioso o virtuoso?



PADRES E HIJOS

Es un hecho que la preparación académica es una gran herramienta que puede representar la diferencia entre estancarse en el desarrollo de una familia completa o salir adelante, con acceso a un mejor nivel de bienestar en los diferentes aspectos, sobre todo en el económico, aunque no siempre se generan las condiciones adecuadas e ideales para que las personas progresen, de tal manera que el padre y la madre dejan un legado que se convierte en un círculo vicioso, en lugar de propiciar un círculo virtuoso que rompa ese esquema de carencias y adversidad.

La triste realidad de muchas familias que viven en la pobreza es que sus integrantes más pequeños (es decir, los hijos e hijas) están destinados a repetir ese escenario de múltiples carencias que van desde no disponer de los recursos económicos suficientes para satisfacer las necesidades más elementales como son la alimentación, la educación y la cobertura de los servicios básicos, situación de la que no es fácil salir mientras las cabezas de la familia (la madre y el padre, por supuesto) no tomen la firma determinación de explorar algunas opciones laborales que les permitan mejorar sus ingresos económicos, para que sus vástagos puedan acceder a una preparación educativa lo más completa posible.

Y es que luego sucede, amable lector, que los hijos no cuentan con los recursos mínimos indispensables para acudir a la escuela, de tal manera que, por ejemplo, muchos de ellos llegan a sus aulas con el estómago vacío debido a que en casa no había siquiera un plato de frijoles y tortillas para saciar el hambre y de esa forma tener el ánimo de afrontar una jornada educativa de cinco horas que en ocasiones se pueden hacer eternas si el organismo no recibe el combustible necesario para funcionar adecuadamente.

Muchos hemos conocido casos de familias en las que, de veras, las carencias de dinero son de tal magnitud que sobreviven de milagro con los pocos ingresos económicos que llegan al hogar gracias a la pesada jornada laboral de uno o de los dos cónyuges, lo que deriva, generalmente -aunque no en todos los casos necesariamente, aclaro-, en un ambiente de poca motivación de los padres hacia los hijos ya que los progenitores no siempre tienen el ánimo para generar una convivencia que anime a los demás a salir adelante, por el escenario de adversidad que tienen que soportar días tras día.

Sí, se trata de familias que habitan en las llamadas colonias populares, donde habitan numerosos grupos a quienes les une un factor en común: la miseria, una realidad que les golpea cotidianamente y de la que muchos buscan escapar, aunque el panorama no siempre se los permite. Sin embargo, y de manera afortunada, sí hay casos en los que las historias de éxito evidencian que cuando se quiere salir de un ámbito de carencias y adversidad sí es posible en función de la actitud de franca determinación por abandonar un ambiente que no es sinónimo de desarrollo.

De manera desafortunada, una parte significativa de esas familias no logra salir de ese escenario, con lo que arrastra a todos sus integrantes a vivir dentro de ese círculo vicioso de escasez y carencias en todos los aspectos, razón por la que se perpetúa ese modelo generación tras generación, hasta que unos cuantos deciden que no desean más continuar en ese esquema de miseria, por lo que buscan y exploran hasta encontrar la manera de zafarse de ese ambiente en el que no hay espacio para el desarrollo, entendido este como el acceso a mejores condiciones de bienestar en los diferentes sentidos, cuando ya no hay lugar para seguir adelante de esa manera.

En este contexto, estimado lector, los padres de familia (mamá y papá, ambos) tenemos la ineludible responsabilidad de ofrecerles a los hijos las condiciones adecuadas para su sano desarrollo, desde el aspecto educativo, en el ámbito de la salud, en el renglón de la alimentación saludable y suficiente, pasando por el rubro del vestido y, por supuesto, en el de la convivencia armónica que nos permita continuar unidos, a pesar de los momentos de adversidad que se puedan presentar en el día a día, en los distintos aspectos con lo que tiene que lidiar una familia.

Considero que el Gobierno debería involucrarse más en este tema y buscar en aquellos sectores donde las condiciones económicas no son las adecuadas para que los padres de familia envíen a sus hijos a la escuela, de tal forma que las instituciones municipales, estatales y federales podrían coordinarse para detectar dónde están esos pequeños y pequeñas que tienen la edad para estudiar pero no lo hacen por la carencia de recursos monetarios.

Mientras muchas familias no tengan a la mano los medios para que sus integrantes puedan acceder a una educación que les permita mejorar su nivel de bienestar económico y en los demás aspectos, los padres no podrán romper ese círculo vicioso que les obliga a reproducir y perpetuar ese modelo que heredan los hijos, a menos de que se conjuguen varios factores que los impulsen a salir de ese escenario para entrar a ese círculo virtuoso al que todos deberían tener derecho a entrar.

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