Siglo Nuevo
Marcela Pámanes
jue 12 jul 2018, 10:15am 2 de 2

Espejismo



Nuestro Mundo

Son como nosotros, simples mortales, pero jugando a ser omnipotentes.

43 grados centígrados, la refrigeración no alcanza a disipar el calor; tres de la tarde, siento que se me cierran los ojos, el sopor me envuelve. Como en un espejismo veo cruzar a los candidatos delante de mí, los tengo justo frente a mis ojos, parados, sin abrir la boca, no pueden hablar de sí mismos, de lo buenos que son, de lo mortificados que están por el tema de la corrupción.

El de la mafia del poder tiene dibujada una sonrisa, el yo mero está serio, el de ya se van acentúa su rictus, el indomable levanta la ceja y ve a todos por debajo del hombro, no porque sea superior sino porque es más alto.

Los siento y les pregunto: ¿por qué nos engañan?, ¿de eso se trata la política?, ¿para qué quieren el poder?, ¿realmente creen estar capacitados para aspirar a un cargo tan importante que define la vida de millones de mexicanos?, ¿la política es un buen negocio?, ¿por qué no puedo creer en ustedes?

No les doy oportunidad de responder, sólo les digo que ellos son responsables, junto con sus partidos y los que los antecedieron, del enojo, el desencanto, la desconfianza, la división, la desesperanza. Les reclamo el invitarme a creer que no tenemos remedio, también ese deseo de hacer con el país lo mismo que cuando tiendes una cama: sacudir las sabanas, para luego volverlas a alisar y hacer como que nadie se acostó en ella. Me encantaría que pudiéramos volver a empezar, quedándonos con lo bueno y eliminando lo que nos avergüenza, lo que nos descalifica, los estereotipos culturales, el conformismo, el egoísmo, la falta de visión.

Les digo que ellos no son nada sin nosotros, han comerciado con el hambre, con la ambición, pero todo acaba, nada es para siempre, se les termina el poder y la vida, son como nosotros, simples mortales, pero jugando a ser omnipotentes. Tarde o temprano tendrán un momento de conciencia y van a querer esconderse y no toparse nunca con una mirada de reclamo, con una mentada de madre.

Les garantizo que todo se devuelve, el cielo y el infierno están aquí.

Son unos sin el cargo y otros con el poder encima. Quisiera que algún día se angustiaran por cómo van a pagar la deuda de su tarjeta de crédito, les pregunto que si saben lo que es cargar con una hipoteca, que si sus esposas se levantan en la madrugada para dejar la casa hecha y salir corriendo al trabajo, que si saben lo que es lidiar con el transporte público, que si han hecho antesala para recibir servicios de salud, que si saben lo que es el amor al prójimo o a la patria.

Y sigo metida en el espejismo. Se me ocurre que sería bueno revisar sus carteras, Enseguida corrijo porque ellos, seguramente, no cargan dinero, no vaya a ser que se ensucien las manos y se enfermen. Los achichincles, secretarios, asesores, carga portafolios, y demás realizan por él las tareas de cualquier humano, no los alzan en vilo porque sus cuerpos de seguridad no los dejan, no vayan a dañar a los muñecos de papel en los que se han convertido.

Me enojo con mi enojo. No me aguanto. Respiro profundo y dejo pasar la situación. Me cuesta, pero reconozco que uno de ellos será el futuro presidente de mi México amado, abandonado, herido, dispar, sólo por ello me obligo a la calma.

En la investidura presidencial se hace un compromiso: "Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la nación me lo demande".

Les advierto que, sea quien sea el elegido, si no cumple lo voy a demandar, a señalar, a cuestionar. De mí no se salva, qué ilusa soy, obviamente, soy nada ante ellos.

Me tallo los ojos y dejo de ver a esos cuatro que tuve tan cerca, todo se diluyó justo cuando hacía las advertencias, por algo será. Me quedo con la sensación de que el reclamo es una empresa inútil, nada pasa, y a la vez todo pasa, porque la exigencia es tibia y el olvido fácil.

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