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MARIO JIMÉNEZ FLORES
lun 30 jul 2018, 8:59am 20 de 32

La Dama del Cántaro sale de viaje



El Parque Guadiana es un espacio natural de vegetación, agua y fauna de diferentes especies, que fue creado para la convivencia familiar y práctica deportiva desde 1929. A partir de ese tiempo hasta la fecha ha sido un lugar entrañable para los deportistas y familias duranguenses; varias generaciones han disfrutado un chapuzón en la Fuente de la Alegría, la Fuente de las Ranitas y ha practicado la natación en la Alberca Olímpica. Han mejorado su condición física trotando en el Óvalo Atlético, respirando a todo pulmón el aroma a eucalipto y tierra húmeda. Quién no ha caminado sus senderos tomado de la mano de su amor, y saboreado una paleta o un cono de nieve, o ha ido a sentarse a la sombra de los árboles a meditar y encontrar respuestas a las interrogantes de la vida. Así lo dice el corrido de Durango: “Tu parque Guadiana tiene mil recuerdos, recuerdos queridos que conservaré”. Por esos recuerdos y por el orgullo de tener un parque tan hermoso, la noticia de la desaparición de la escultura de la Dama del Cántaro, que estaba en el centro de la Fuente de las Ranitas entristece a Durango y opaca en algo la celebración del 455 aniversario de su fundación.

Este acontecimiento nos trae a cuento a Paul Auster, quien escribe sobre una anécdota de Franz Kafka que en 1932 vivía en Berlín, y salía todas las tardes a dar un paseo por el parque Steglitz, acompañado de Dora Dymant. Un día se encuentran con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta qué le ocurre y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone de inmediato a inventar un cuento, para explicarle lo que ha pasado. “Tu muñeca ha salido de viaje”, le dice. “¿y tú como lo sabes?”, le pregunta la niña, “porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. La niña parece recelosa. “¿Tienes ahí la carta?”, pregunta ella, “no, lo siento “, dice él. “La he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo”. Al día siguiente Kafka vuelve apresurado al parque, con la carta. La niña lo está esperando y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta: La muñeca lo lamenta mucho, no es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires, y por lo tanto deben separarse una temporada. La muñeca promete entonces que le escribirá todos los días y le informara de todas sus actividades. A lo largo de tres semanas Kafka fue cada día al parque a leer otra carta a la niña. Poco a poco Kafka la va preparando para el momento en que la muñeca desaparezca de su vida para siempre y tras explorar diversas posibilidades decide casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de petición de mano, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vive con su marido. Y entonces en la última línea la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.

Para ese tiempo, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca, Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen estas tres semanas, las cartas le han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia, y cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, para habitar un mundo imaginario las penas de este mundo desaparecen. Concluye Paul Auster: Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir.

Es una bella interpretación de las cartas que escribió Kafka y se presume que son reales, y nos muestran al escritor como un ser muy sensible y capaz de entender el sentimiento de una tragedia en un espíritu tan puro como la niña que pierde su muñeca.

En este caso la maestría de la escritura de Franz Kafka, encontró una solución por medio del arte de la creación literaria y restituyo la pérdida de la muñeca con una nueva ilusión que ilumino la vida de la pequeña y las hizo felices a las dos.

Volviendo a la realidad, ¿cómo vamos a resolver el caso del Viaje de la Dama del Cántaro? La autoridad municipal de Durango tiene la palabra. Ella nos pertenece, representa parte de nuestra historia, es patrimonio de los duranguenses, es una pérdida que causa tristeza, impotencia y solo falta esperar que el viaje no sea muy prolongado y que éste acontecimiento nos enseñe a valorar y cuidar nuestro bagaje cultural, las tradiciones y sobre todo respetar los bienes ajenos. Que se haga realidad la letra de nuestro corrido de Durango, que nos pone la piel chinita cuando lo cantamos: “Yo soy de Durango, palabra de honor, en donde sus hombres son hombres formales y son sus mujeres puro corazón”.

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