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IGNACIO ESPINOZA GODOY
lun 8 oct 2018, 9:17am 3 de 3

Vital, mayor comunicación



PADRES E HIJOS

Aunque para muchos padres de familia (mamá y papá, ambos) resulta hasta cierto punto normal que sus hijos adolescentes (sobre todo en el grupo de aproximadamente 15 a 17 años) ya ingieran alguna bebida alcohólica en alguna reunión familiar, en una fiesta organizada por amigos o compañeros de la escuela o en un "antro", la realidad es que esta permisividad, libertad, tolerancia o flexibilidad no siempre es bien asimilada ni interpretada como se debería por parte de los jóvenes, pues muchos adultos hemos sido testigos de cómo algunos chicos y chicas se exceden en la cantidad de alcohol que deberían consumir, situación que refleja una falta de responsabilidad por parte de los chavos y chavas que incurren en este tipo de actitudes.

Este tipo de actitudes, generalmente, las asumen algunos adolescentes porque sienten que de esta forma, en determinados ambientes, se liberan de la vigilancia de los padres, así que piensan que pueden ingerir bebidas alcohólicas a diestra y siniestra (sin control), aunque lo que no meditan ni reflexionan es en las consecuencias que les puede acarrear esta decisión de excederse en el consumo de dichas bebidas etílicas, hasta que alguien les llama la atención y les hace ver el error en el que incurrieron.

De manera lamentable, muchos padres ignoran o pretenden ignorar el hecho real de que sus hijos se han iniciado ya en el mundo de las adicciones a las llamadas drogas "legales" (el alcohol y el tabaco), pues mientras no los observan enfermos o graves piensan que no pasa nada, por lo que la vida de la familia parece transcurrir de manera normal, sin contratiempos, aunque de forma gradual la dependencia hacia esos elementos puede aumentar hasta convertirse en una bola de nieve que sólo se detiene hasta que se impacta contra un objeto sólido, que se traduce en este caso en una tragedia que puede derivar en la muerte o un accidente de severas consecuencias, de esos que incapacitan parcial o totalmente a las personas que los sufren.

Pero... ¿por qué los adolescentes se "enganchan" en el mundo de las adicciones?, se preguntan muchos progenitores. La respuesta no es tan complicada como podría pensarse, ya que mientras los hijos observen en el interior de sus hogares que sus padres no fuman ni beben alcohol y que, además, en el ámbito doméstico prevalece un ambiente de comunicación, respeto y armonía, difícilmente caerán en el consumo de esas sustancias que han destruido las vidas de muchos jóvenes que apenas empiezan a vivir.

Por ello, estimado lector, los progenitores debemos estar cerca de los hijos, para conocer sus inquietudes y sus amistades que ejercen cierta influencia, para de esta manera saber si no tienen cierta predisposición hacia el consumo del alcohol o el tabaco (o hacia ambos elementos), ya que este factor será fundamental para que nuestros vástagos se sientan o no atraídos hacia la ingesta de bebidas etílicas o el consumo de cigarros, así que en este contexto debemos tener mucho cuidado para vigilar a los hijos y sus objetos personales como la ropa, ya que el olor a tabaco suele delatar a quien lo consume, además de que también la ingesta de alcohol puede ser descubierta a pesar de que se pretenda disfrazarse a través de distintos trucos.

Normalmente, los adolescentes que tienen bien sólidos sus valores morales difícilmente aceptarán consumir bebidas embriagantes de manera inmoderada, de tal forma que si ingieren alguna lo harán con medida, sin excederse en su consumo, ya que están plenamente conscientes de las consecuencias que les puede acarrear el hecho de tomar una decisión equivocada, contraria a lo que les han inculcado sus padres en el hogar.

En contraste, los jóvenes cuyos padres tienen problemas en el hogar y que nos les han fomentado esos valores morales que contribuyen a fortalecer la autoestima son los que generalmente rebasan esa línea que no deben cruzar hacia un mundo en el que todo es ficticio y en el que aparentemente se sienten bien cuando buscan escapar de una realidad que no es de su agrado en virtud de que no encuentran los satisfactores espirituales que les ayuden a enfrentar los problemas de la vida cotidiana.

Lamentablemente, ese vacío espiritual no se puede compensar con nada ya que ese espacio intangible sólo se puede llenar con los valores y principios que se han inculcado y aprendido en el hogar, provenientes, obviamente, de los padres, cuyo ejemplo es vital cuando se requiere echar mano de un modelo cercano en momentos en que no se sabe qué hacer ante ciertos dilemas y problemas a los que se enfrentan alguna vez nuestros adolescentes.

Es por ello, amable lector, que los padres que aún tenemos hijos e hijas adolescentes promovamos y reforcemos y ese vínculo de comunicación, de tal forma que aprendamos a conocer mejor a nuestros jóvenes que a la vuelta de la esquina se convertirán en adultos, una etapa de la vida a la que deberán arribar con las mejores herramientas que son los valores morales que en su momento debieron haber absorbido en el hogar, por lo que sólo restará confiar en los hijos cuando se trate de tomar decisiones con relación a ese tema tan escabroso y complejo como lo es el de las adicciones a las drogas legales que representan el alcohol y el tabaco.

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