
El Big One: ¿Qué pasaría en México si un terremoto de magnitud 8 rompe la falla de San Andrés?
Durante décadas, el llamado “Big One” ha sido utilizado para describir el escenario de un gran terremoto provocado por la ruptura de la falla de San Andrés, en California. Pero un movimiento cercano a magnitud 8 en su segmento sur no sería un problema exclusivamente estadounidense.
Baja California se encuentra dentro de una compleja región donde interactúan las placas del Pacífico y Norteamérica. El CICESE explica que la actividad sísmica de la entidad está relacionada con el sistema de fallas San Andrés-Golfo de California, donde ambas placas mantienen un movimiento relativo de aproximadamente seis centímetros por año.
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Un terremoto de 7.8 ya fue simulado
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) desarrolló el ShakeOut Scenario, una simulación de un terremoto de magnitud 7.8 con una ruptura de aproximadamente 300 kilómetros en el segmento sur de la falla de San Andrés.
No es una predicción, sino un escenario científicamente plausible creado para estudiar las consecuencias de un terremoto de estas dimensiones.
En la simulación, el movimiento comienza cerca del Salton Sea, relativamente próximo a México, y la ruptura avanza hacia el noroeste.
Para California, el escenario estimó alrededor de mil 800 muertes, 53 mil personas que requerirían atención de emergencia, incendios generalizados y pérdidas económicas cercanas a los 200 mil millones de dólares.
¿Qué zonas de México podrían resultar afectadas?
Por proximidad, Baja California sería la entidad mexicana con mayor exposición, particularmente el Valle de Mexicali.
La región de Mexicali presenta una importante actividad sísmica asociada con diferentes sistemas de fallas, entre ellos Imperial y Cerro Prieto. Además, las características del suelo pueden amplificar los movimientos en determinados sectores.
Ante un terremoto de gran magnitud podrían registrarse daños en construcciones vulnerables, afectaciones carreteras, cortes de servicios y fenómenos secundarios como deslizamientos o licuefacción, en la que ciertos terrenos saturados pierden temporalmente resistencia durante un sismo.
Tijuana también podría experimentar un movimiento considerable, aunque la intensidad dependería del punto donde comenzara la ruptura, su dirección y las características particulares del terremoto.
¿Podría sentirse hasta Durango?
Las ondas de un terremoto de magnitud 7.8 u 8 pueden viajar enormes distancias, por lo que un evento de estas características sería detectado por estaciones sísmicas ubicadas a cientos o miles de kilómetros.
En Durango, sin embargo, el escenario sería muy diferente.
Por la distancia respecto al sur de California, no se esperaría un movimiento destructivo directamente provocado por la falla de San Andrés. Dependiendo de las características del terremoto y de la propagación de sus ondas, podría registrarse instrumentalmente e incluso llegar a percibirse débilmente en determinadas condiciones, particularmente en edificios altos.
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¿Cuándo ocurrirá el “Big One”?
Esa es precisamente la pregunta que la ciencia todavía no puede responder.
El USGS advierte que actualmente no existe un método capaz de predecir con precisión el día y la hora de un gran terremoto. Incluso el próximo gran sismo de California podría ocurrir en otra falla y ser diferente al utilizado para el escenario ShakeOut.
Por ello, un terremoto de magnitud 7.8 u 8 en San Andrés debe entenderse como un escenario de riesgo y no como una alerta de que esté próximo a suceder.
Si algún día ocurre, México no estaría completamente al margen: las mayores consecuencias se concentrarían en Baja California, mientras que estados alejados como Durango tendrían un riesgo directo considerablemente menor.