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La euforia desatada tras el inicio de la venta general para los conciertos de despedida de Elton John en el Estadio Banorte reactivó con fuerza la nostalgia en México. Ante el inminente adiós del legendario astro británico, la memoria colectiva se remonta de inmediato a la última presentación formal del músico en territorio nacional, un íntimo y emotivo capítulo acontecido hace catorce años.
Una experiencia íntima y sumamente personal
El último gran concierto de Sir Elton John en suelo mexicano se celebró la inolvidable noche del 2 de marzo de 2012 en el emblemático Auditorio Nacional de la Ciudad de México. A diferencia de los masivos estadios, el virtuoso intérprete optó en esa ocasión por un formato íntimo. Estuvo acompañado exclusivamente por el percusionista Ray Cooper, transformando el coloso de Reforma en un espacio de pura conexión acústica.
Ante cerca de 10,000 espectadores que abarrotaron por completo el recinto vistiendo prendas blancas como un simbólico llamado por la paz, el recital se extendió por poco más de dos horas continuas. La atmósfera fue calificada por la crítica especializada como solemne y electrizante, demostrando que el músico no requería de una gran banda para conmover profundamente a una audiencia totalmente entregada.
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Los mejores éxitos se hicieron presentes
El repertorio seleccionado inició magistralmente con piezas de profunda carga lírica como “The One” y “Sixty Years On”. Posteriormente, el pianista británico deleitó a los asistentes con bellos himnos generacionales indispensables como “Your Song”, “Rocket Man”, “Tiny Dancer”, “Philadelphia Freedom” e “I'm Still Standing”, cerrando la inolvidable velada con las potentes ejecuciones de “Better Off Dead” y “Levon”, consolidando una noche memorable.
Elton y México, una relación de años
A lo largo de su trayectoria, el artista visitó México en cuatro periodos fundamentales. Su histórico debut ocurrió en 1992 en el Estadio Azteca, regresó en 2001 al Auditorio y al Castillo de Chapultepec, deslumbró en 2010 frente a la mística pirámide de Chichén Itzá, y concluyó temporalmente en 2012. Las citas programadas para este octubre representarán su quinta y última visita formal.
Aquel íntimo show de 2012 se volvió icónico porque se desnudó de la extravagancia escénica habitual para centrarse en la pureza técnica de su voz y su piano. Fue un rotundo testamento de longevidad y entrega artística que ahora sirve como el prólogo ideal para el monumental e histórico cierre de carrera que miles de fanáticos mexicanos esperan con ansias.
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