Reflexionando sobre el papel de la familia en la evolución, crecimiento y maduración de las sociedades, valorando su liderazgo, se concluye que ha sido fundamental durante toda la historia; da orden y sentido al presente y futuro en cada organización comunitaria del mundo.
Ya hemos dialogado sobre la patología social, grupal y/o individual, que se presenta cuando aparecen deficiencias al interior.
Está muy próximo el día dedicado al festejo de la madre y, sin duda, los mexicanos nos desbordaremos -como cada año- para festejarla en familia; será más o menos "estruendoso", pero en todas se impondrá la felicitación y los regalos que, desafortunadamente en la mayoría de las ocasiones, son instrumentos y equipos del hogar, útiles para el servicio que nos da la homenajeada.
Espero que me equivoque y este año entreguemos algo personal y útil para la mamá de la casa.
En el mundo, tradicionalmente existieron culturas que le sobrepusieron el liderazgo masculino y, en contraparte, en otras, el matriarcado ha sido fundamental. Afortunadamente, cada vez es más frecuente encontrar la autoridad compartida -sobradamente justo- entre papá y mamá.
Durante siglos, el patriarcado fue el sistema más extendido históricamente; los varones ocupaban las posiciones principales de poder político, económico y simbólico. En muchas familias, el juicio oral del padre es determinante y respetado; otras, consideran a los ancianos, quienes señalan normas y reglas por tradición, comúnmente marcando la autoridad del varón. El machismo es una consecuencia.
Existieron culturas que se basaron en patriarcados, caso de México, Afganistán, Pakistán y países del medio Oriente; curiosamente, el hombre dominaba -por ser el proveedor y protector físico- y la mujer cargaba con buena parte del cuidado de la familia: desde cocinar, limpiar, lavar cuidar a niños, enfermos, ancianos y dar bases educativas/ religiosas a los menores. Como lee, las cargas de trabajo son dispares e injustas.
Un verdadero parte aguas se dio por factores de desarrollo mundial y causas económicas; sobresalen las grandes guerras mundiales, cuando la ausencia del padre -por estar guerreando- hizo determinante la presencia del liderazgo de la mujer para la conducción del hogar; desde educar, alimentar, hasta trabajar y, sobre todo, ser sostén emocional de los integrantes nucleares.
Francis Fukuyama -1952-X, Trust- ha estudiado el papel de la mujer durante las guerras y ha demostrado su importante participación en la economía de los EUA, al ocupar puestos de obraje, manufactura y demás productividades, manteniéndose -además- atendiendo y cuidando a los hijos y viejos del hogar.
En el texto, muestra estadísticamente la importancia en el proceso de liberación femenina, particularmente de las mujeres de color -multiétnicas- y cómo ellas pudieron liberarse de los abusivos y golpeadores varones.
Para nosotros, los mexicanos, la madre es fundamental; su presencia ha sobrepasado la definición que aún aplican de patriarcado; de hecho, es el día de festejo que atendemos mayormente, solo comparable con el de la Virgen de Guadalupe.
Las mamás del presente -en posibilidades laborales- ya participan activamente en la cobertura de las necesidades materiales del hogar y, no en pocos casos, han llegado a sobrepasar en aportaciones económicas a los papás, señal inequívoca que tenemos del avance moral de reconocimiento a su presencia.
Le menciono un recuerdo curioso: las mentadas de madre y las ofensas a nuestras personas, duelen más que cualquier otra que se le ocurra a nuestro agresor... ¿o no?
En el presente, existe la madre que remarca su fortaleza como mujer y ser humano; esa que soporta, eficientemente, el reto de sostener a su familia sin la presencia del varón.
Según datos del INEGI -2024- en México se registraron 161,932 divorcios, con una tasa de 33.3 separaciones por cada 100 casos. Habrá que agregar las separaciones de parejas, en trámites legales y otros no registrados como matrimonio. Prácticamente en todos los casos, las mujeres han hecho frente al reto familiar.
La autoridad compartida es cada día más frecuente y la participación en el cumplimiento de todas las tareas que representan el cuidado de la familia y el hogar es cada vez mayor, buena señal de que avanzamos -a pesar de todo- en tener un mejor país.
No dejemos de pensar en mamás de familias consideradas matrilineales; de matriarcas que han atendido a sus vástagos desde su concepción, la gestación, el parto, su crecimiento, educación y desarrollo; algunos llevan con orgullo el primer apellido de la "jefa" y, con la maduración de nuestra sociedad, también han dejado de sufrir escarnio, como aquello de nombrarles bastardos.
Festejemos pues a nuestras mamás y hagamos una reflexión familiar por aquellas que ya han fallecido y nos dejaron un gran legado de amor -como Tenchita, en mi caso-.
Le pido le regalemos un día de descanso y festejo familiar y no deje de hacer el propósito de extenderlo por otros 364 más. ¿Acepta?