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Cuando se habla de la conectividad de Durango, casi siempre la conversación termina en el mismo punto: pocos vuelos, boletos caros, escalas obligadas y una oferta aérea limitada frente a otras ciudades del país.
Pero la pregunta no termina ahí. Si tomar un avión desde Durango puede resultar complicado para muchas familias, trabajadores o visitantes, la otra alternativa natural sería viajar por carretera. Y ahí aparece otro problema: salir del estado por tierra tampoco siempre es barato, rápido ni sencillo.
Entre autopistas costosas, tramos que requieren mantenimiento, accidentes frecuentes y rutas que obligan a cruzar por estados con sus propios problemas de seguridad, viajar desde Durango puede convertirse en una decisión que no solo depende del destino, sino también del presupuesto, el tiempo y el nivel de riesgo que cada persona está dispuesta a asumir.
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La carretera como alternativa… pero no siempre económica
Para muchas personas, viajar en automóvil parece la opción más lógica cuando el avión sale caro. Sin embargo, en el caso de Durango, esa comparación no siempre resulta tan favorable.
Uno de los ejemplos más claros es la supercarretera Durango-Mazatlán, una de las vías más importantes para conectar al estado con el Pacífico. Su construcción representó un cambio histórico para la movilidad regional, pues redujo de manera considerable los tiempos de traslado hacia Sinaloa y abrió una ruta clave para el turismo, el comercio y el transporte de mercancías.
Pero también se ha convertido en una de las rutas más costosas para los automovilistas. Actualmente, recorrerla en automóvil implica un pago aproximado de 820 pesos solo de ida, lo que significa alrededor de mil 640 pesos en un viaje redondo únicamente por concepto de casetas.
A esa cifra todavía hay que sumar gasolina, alimentos, posibles gastos imprevistos y, en algunos casos, hospedaje si el traslado forma parte de un viaje más largo.
Durango-Mazatlán: rápida, útil… y cara
La supercarretera Durango-Mazatlán suele verse como una de las grandes obras de conectividad del norte del país. Y lo es. Sus túneles, puentes y trazos en la Sierra Madre Occidental permiten atravesar una zona que antes exigía trayectos mucho más largos y complejos.
Sin embargo, para el usuario común, el costo sigue siendo una barrera.
La caseta de Coscomate, una de las más caras del recorrido, se ha convertido prácticamente en el símbolo de lo que implica viajar por esa ruta: una vía moderna y necesaria, pero también pesada para el bolsillo.
Para una familia que decide ir a Mazatlán durante un fin de semana, el costo de la autopista puede representar una parte considerable del presupuesto total. Y si se compara con promociones aéreas ocasionales desde otras ciudades del país, la diferencia no siempre parece tan clara como se pensaría.
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Hacia La Laguna tampoco es tan barato
El problema no se limita al viaje hacia Mazatlán. La ruta hacia Gómez Palacio, Torreón y la Comarca Lagunera también implica un gasto considerable si se utiliza la autopista.
En el caso de la Durango-Gómez Palacio, el costo estimado para automóvil ronda los 455 pesos en casetas, considerando puntos como Durango, Yerbanís, Cuencamé y León Guzmán.
Esto significa que incluso los viajes regionales, esos que muchas personas realizan por trabajo, estudios, trámites médicos, visitas familiares o actividades comerciales, también pueden representar un gasto importante si se busca viajar por una vía más rápida y segura.
La alternativa, en muchos casos, es utilizar tramos libres. Pero ahí aparece otro dilema: menor costo no siempre significa mejores condiciones.
Mantenimiento: el otro costo de viajar por tierra
Además del precio de las casetas, el estado físico de las carreteras es otro factor que pesa en la conectividad de Durango.
La red carretera del estado abarca alrededor de 15 mil kilómetros. De ellos, poco más de 2 mil kilómetros corresponden a la red libre de peaje atendida por la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes.
En reportes recientes se ha reconocido que solo una parte de esa red se encuentra en condiciones adecuadas de transitabilidad, mientras que otra requiere mantenimiento, conservación o rehabilitación.
Esto afecta directamente a quienes no pueden o no quieren pagar autopistas. Para muchos automovilistas, ahorrar en casetas puede significar enfrentarse a caminos con baches, tramos deteriorados, falta de señalización, menor presencia de servicios y mayores tiempos de traslado.
En otras palabras: el conductor puede elegir entre pagar más por una ruta más rápida o ahorrar dinero a costa de mayor desgaste, incertidumbre y tiempo en carretera.
No todo depende de Durango
Otro punto clave es que la conectividad carretera de Durango no se explica únicamente dentro del territorio estatal.
Para llegar a ciertos destinos, los viajeros deben atravesar entidades vecinas como Sinaloa, Zacatecas, Coahuila o Chihuahua. Y eso agrega nuevas variables al traslado: condiciones de seguridad, operativos, cierres, accidentes, bloqueos, obras o eventos carreteros que pueden modificar por completo la experiencia del viaje.
En el caso de Sinaloa, la ruta hacia Mazatlán es fundamental para el turismo duranguense, pero los hechos de violencia registrados en distintas zonas del estado han generado preocupación entre algunos viajeros, especialmente cuando se trata de desplazamientos nocturnos o en temporadas de alta movilidad.
Hacia el centro del país, Zacatecas también aparece con frecuencia en la conversación de quienes planean salir por carretera desde Durango, debido a la percepción de inseguridad en determinados tramos y a los antecedentes de hechos violentos en rutas federales.
Así, aunque el punto de salida sea Durango, el viaje no depende únicamente de las condiciones locales. Muchas veces, el trayecto obliga a cruzar regiones donde el conductor debe mantenerse atento no solo al camino, sino también al contexto de seguridad.
Accidentes que pueden detenerlo todo
A los costos y al estado de las carreteras se suma otro factor: los accidentes.
La Durango-Mazatlán, por ejemplo, es una vía compleja por su propia naturaleza. Su trazo atraviesa zona serrana, con túneles, puentes, curvas, pendientes y presencia constante de transporte pesado. Aunque es una autopista moderna, cualquier percance puede provocar cierres parciales, largas filas o retrasos considerables.
En enero de este año, un tráiler que remolcaba otro tractocamión cargado con maíz chocó contra un cerro y terminó incendiándose en el kilómetro 193 de la autopista Durango-Mazatlán, del lado de Sinaloa. El conductor logró salir ileso, pero el hecho obligó al cierre parcial de la carretera mientras se realizaban las labores de auxilio.
Este tipo de accidentes no son menores para quienes dependen de la vía. Un cierre parcial o total puede significar horas de espera, pérdida de citas médicas, retrasos laborales, afectaciones al transporte de mercancías o cambios completos en los planes de viaje.
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Conectividad cara por aire y complicada por tierra
El problema de fondo es que Durango parece quedar atrapado entre dos formas de conectividad que no terminan de resolver las necesidades de la población.
Por aire, los usuarios enfrentan poca oferta, vuelos limitados, altos costos y escalas frecuentes. Por tierra, las opciones existen, pero pueden implicar casetas caras, tramos en mal estado, riesgos carreteros, inseguridad regional y accidentes que alteran por completo los traslados.
Para quienes viven en Durango, viajar no siempre es una cuestión de comodidad, sino de cálculo: cuánto cuesta, cuánto tarda, qué tan seguro es, qué ruta conviene y qué tanto puede complicarse el trayecto.
La discusión, entonces, no debería reducirse únicamente a si hacen falta más vuelos o mejores precios en el aeropuerto. También debería incluir el estado real de las carreteras, el costo de las autopistas, la seguridad de las rutas y la necesidad de una conectividad más equilibrada.
Porque si volar desde Durango es caro, viajar por carretera tampoco siempre resulta una solución sencilla. En muchos casos, solo cambia el tipo de problema: del boleto elevado al gasto en casetas; de la escala obligada al trayecto largo; de la baja oferta aérea al desgaste de una carretera que puede salir cara, lenta o riesgosa.
Al final, la pregunta no es solo por qué es tan complicado volar desde Durango, sino por qué salir del estado, por aire o por tierra, sigue representando un reto para tantas personas.