
Cortinas abajo, ventas bajas y obras detenidas: así pega la economía a Durango
La mala economía local empieza a sentirse en distintas áreas de Durango. Ya no se trata únicamente del cierre de un negocio aislado o de una temporada baja para determinado sector, sino de una cadena de señales que apuntan a un mismo problema: vender menos, gastar más y sostener con mayor dificultad un negocio formal.
En los últimos meses, la ciudad ha visto cortinas abajo en locales del Centro Histórico, restaurantes que analizan cerrar o pausar operaciones, comercios tradicionales que se despiden después de décadas y un sector de la construcción que atraviesa una caída severa.
La situación ha encendido alertas entre empresarios y cámaras, pues distintos giros coinciden en los mismos factores: bajas ventas, rentas elevadas, aumento en costos de operación, falta de circulante y menor movimiento económico.
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Construcción, uno de los golpes más fuertes
Uno de los sectores con mayor impacto ha sido el de la construcción. De acuerdo con cifras recientes, Durango registró una caída anual de 52.5 por ciento en dicha actividad durante marzo, lo que colocó a la entidad como la de mayor desplome en el país.
El impacto no se limita a las empresas constructoras. Una baja de esta magnitud también pega a trabajadores, proveedores, ferreterías, transportistas, maquinaria, servicios técnicos y otros negocios que dependen directa o indirectamente de la obra pública y privada.
La preocupación ha llegado al grado de que algunos empresarios del sector han analizado buscar oportunidades fuera del estado o incluso fuera del país, ante la contracción económica local y la dificultad para sostener nóminas, rentas y operaciones.
Restaurantes: entre aguantar, endeudarse o cerrar
El sector restaurantero también ha resentido el golpe. Desde 2025, la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados en Durango había advertido que varios establecimientos analizaban la posibilidad de cerrar si no lograban mantenerse en punto de equilibrio.
El problema, según lo señalado por el propio sector, no es únicamente vender poco. También pesan los aumentos en insumos, salarios, servicios y rentas, especialmente en zonas como el Centro Histórico, donde los costos de operación pueden ser más elevados.
Para muchos restaurantes, el ingreso diario debe alcanzar para cubrir sueldos, proveedores, renta, luz, gas, impuestos y otros gastos. Cuando las ventas bajan, el margen desaparece y algunos negocios terminan recurriendo a deuda, reducción de personal, promociones o pausas temporales para intentar mantenerse.
En ese contexto, los recientes anuncios de cierres o pausas en restaurantes locales no aparecen como hechos aislados, sino como parte de una tendencia que viene acumulándose desde meses atrás.
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Comercios tradicionales también bajan la cortina
El comercio formal ha sido otro de los sectores más golpeados. Canacope Durango informó que al menos 15 establecimientos han cerrado en lo que va del año debido a bajas ventas y altas rentas.
De acuerdo con lo señalado por la cámara, prácticamente todos los giros comerciales han resentido el problema: venta de ropa, zapaterías, regalos y pequeños comercios, entre otros.
El cierre de negocios con años de historia también refleja la dificultad de sostenerse en el contexto actual. Uno de los casos recientes fue el de un conocido negocio de ropa en la Zona Centro, que cerró sus puertas después de 34 años de servicio.
Este tipo de cierres no solo representan la pérdida de un punto de venta, sino también el final de historias familiares, fuentes de empleo y espacios que formaban parte de la vida cotidiana de los duranguenses.
El Centro Histórico pierde fuerza
La Zona Centro y el Corredor Constitución han sido algunos de los puntos donde más se ha hecho visible la problemática. Locales vacíos, negocios en renta y anuncios de cierre han comenzado a formar parte del paisaje.
Empresarios han señalado que, además de las rentas altas, existen factores como la falta de estacionamiento, menor accesibilidad para consumidores y competencia con plazas comerciales que ofrecen más servicios al cliente.
En el caso del Corredor Constitución, algunos negocios han advertido que la zona “se apaga temprano” y que mantener un proyecto en medio de poco movimiento se vuelve cada vez más complicado.
El cierre de bares, tiendas y restaurantes en estas zonas golpea también la vida nocturna, el turismo local, la actividad cultural y el flujo de personas que antes daba dinamismo a estos espacios.
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Vender menos, pagar más
Aunque cada sector tiene sus propios retos, el problema de fondo parece repetirse: los negocios venden menos, pero sus gastos no bajan.
La renta sigue llegando cada mes. También los recibos de luz, agua, gas, nómina, impuestos, permisos, proveedores y mantenimiento. Para un negocio formal, operar implica una carga fija que no desaparece aunque haya menos clientes.
Por eso algunos comerciantes optan por cerrar el local físico y continuar vendiendo desde casa o a través de redes sociales, con menos gastos, aunque eso también representa un golpe para el comercio formal establecido.
El riesgo, advierten representantes del sector, es que cada cierre reduzca todavía más el movimiento económico de la ciudad. Cuando un negocio cierra, no solo pierde el propietario: también pierden empleados, proveedores, arrendadores y consumidores que dejan de encontrar opciones en su zona.
Una crisis que ya se nota en la calle
La mala economía local ya no se percibe solamente en cifras. También se nota en locales vacíos, restaurantes que hacen pausas, comercios con liquidaciones, calles con menos movimiento y empresarios que analizan llevar su capital a otros lugares.
Durango enfrenta así un escenario complicado para distintos giros económicos. La construcción se contrae, los restaurantes intentan resistir, los pequeños comercios reportan bajas ventas y el Centro Histórico busca no perder más actividad.
El reto ya no es solo abrir nuevos negocios, sino crear condiciones para que los que existen puedan mantenerse.
Porque cada cortina abajo cuenta una historia, pero muchas cortinas abajo empiezan a contar una crisis.