
(Canva)
Es bien sabido que las mejores formas de combatir las probabilidades de sufrir un ataque cardíaco son una alimentación sana, no beber alcohol, no consumir azúcares o sales en exceso y hacer ejercicio moderado por 150 minutos a la semana. Pero, ¿qué pasaría si un estudio revelara que esta última medida no es suficiente?
Medidas preventivas
Es menester recordar que sufrir de diabetes, llevar una vida sedentaria, ser fumador o tener enfermedades cardíacas crónicas son factores que incrementan el riesgo de tener un infarto, por lo que es aún más importante seguir con estas medidas de prevención:
- Seguir un plan de comidas: Llevar una dieta balanceada baja en grasas y sal puede ayudar a disminuir el peso, evitar la acumulación de grasa en las venas y a controlar la aparición de eventos cardíacos.
- Tomar la medicación prescrita: Si en algún momento se sufrió de una complicación del corazón, es posible que se haya recetado algún medicamento para su control. Para evitar otro evento de este estilo, es necesario seguir con la receta brindada por un profesional y no dejarla hasta que se le ordene.
El último hábito a adoptar es el más crucial de todos, a pesar de haberse repetido hasta el cansancio junto a los 150 minutos por 7 días.
Pero, de acuerdo a un estudio llevado a cabo por la Universidad Politécnica de Macao, indica que este mínimo semanal no es siquiera suficiente para hacer un cambio notorio.
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¿Cuál es la cantidad de tiempo ideal?
Según el estudio publicado por el British Journal of Sports Medicine, la población adulta necesita de por lo menos entre 560 y 610 minutos de actividad física moderada o intensa a la semana, si es que se desea observar un cambio notable en la salud cardíaca.
Esto equivale a un aproximado de entre 9 horas con 20 minutos y 10 horas con 10 minutos, por lo que un adulto promedio debería tener sesiones diarias de ejercicio de 1 hora y media; este tiempo establecido podría reducir hasta un 30 % las probabilidades de la aparición de un infarto, comparado con el 8 % total de los 150 minutos por semana.
En este análisis, también se encontró que existe una relación directa, cuantitativa y en el mismo sentido respecto a las cantidades de ejercicio realizadas con los beneficios percibidos, independientemente de la condición física de la persona.